Edificio del museo

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18/11/2017 14:55:32

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Edificio del museo

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Fotografías: Antonio Sánchez Miranda

 



Edificio Sede del Museo

El edificio (contemplado por el plan de urbanismo como edificio protegido) está situado en la calle Don Pedro Granda, muy cerca de la Plaza de España, centro neurálgico de la ciudad, donde edificios como la Iglesia de Santiago construida en los siglos XVI y XVII entre el gótico y el manierismo; la cercana Plaza de Abastos con predominio del neo árabe, proyectada en 1928; o el funcional edificio del Ayuntamiento de 1948, conviven con la contemporaneidad de la Casa de Cultura realizada por Rafael Moneo en 1997.

En los primeros años del siglo XX, Don Pedro Granda Calderón de Robles, segundo Conde de Campos de Orellana, encarga la construcción de una casa palacio para un doble uso: el doméstico, estancias en torno a un patio central cubierto, y el agropecuario, patio trasero, cochera, estancias para el servicio y doblados en el piso superior. El maestro Emilio Camacho Moreno, (dombenitense 1870-1939?), será quién proyecte y construya la casa.

Son las teorías historicistas de la época, los “neos” arquitectónicos, los que marquen las líneas y el estilo de la construcción, junto con la incorporación de elementos del novedoso estilo modernista y la aplicación funcional de las estructuras en hierro como soporte en columnas y sistemas de cubrición, como nuevos sistemas constructivos, sin olvidar la tradición vernácula de la arquitectura tradicional (rejas de hierro, paredes enjalbegadas).

El edificio presenta una planta irregular cuadrangular con fachadas a dos vías urbanas, con una superficie construida de 2200 m2 en dos alturas en torno a dos ejes (patio noble y patio trasero).

En la fachada principal de dos cuerpos, el eclecticismo heredado del siglo XIX es constatable en los elementos decorativos que coronan vanos y decoran cornisas. Un primer cuerpo de factura neoclásica con ventanas enrejadas rematadas con cornisas sencillas con pequeños motivos vegetales, contrasta con un segundo cuerpo donde los motivos decorativos se multiplican: frontones triangulares y curvos con motivos de veneras rematan balcones y ventanas de un solo vano que alternan con otras geminadas. La decoración cerámica de influencia modernista, se distribuye de forma alterna y simétrica por toda la fachada y recorre a modo de cornisa el piso superior. Una crestería de motivos vegetales corona el edificio al borde de la techumbre. El escudo coronado con las nueve puntas del condado marca el eje central.

La entrada a través de la puerta principal nos introduce en un vestíbulo con pavimento y zócalos en mármol, techos de escayola imitando artesonados de madera y puertas con cristales emplomados que comunican con el magnífico patio cubierto de planta cuadrada y galería superior.

Como ya hemos dicho tanto al final del siglo XIX como en los primeros años del siglo XX la arquitectura era fundamentalmente ecléctica, este sincretismo manifiesto en esta estancia, aúna la funcionalidad de las estructuras en hierro como elemento novedoso en soportes interiores en los fustes, junto con la diversidad de materiales (mármoles en solerías y zócalos) y escayolas pintadas que conforman fustes estriados, capiteles compuestos, balaustradas, cornisas y ménsulas con decoraciones geométrica y vegetal. Esta ornamentación profusa, en modo alguno resulta abigarrada, ya que la combinación de elementos constructivos y decorativos está concebida y dispuesta de forma ordenada y armoniosa.

Uno de los logros de la arquitectura de finales del siglo XIX, fue cubrir los patios interiores con claraboyas que potenciaran la luminosidad interior, lucernarios de estructuras en hierro y monturas de cristal. La cubierta del patio noble, está construida a modo de cúpula semiesférica sobre estructura en hierro, cubierta con cristal emplomado, pintado a mano con motivos vegetales de factura netamente modernista. Otras vidrieras cierran vanos en ambos pisos donde se repiten motivos vegetales o escudos nobiliarios. Este patio cubierto, eje de la zona doméstica, está rodeado de estancias: salones y habitaciones con pavimentos de baldosas diferentes y con magníficos techos en escayolas, algunos de ellos imitando artesonados de madera.

Un segundo patio, esta vez de servicio y de grandes dimensiones, sirvió de centro a dependencias destinadas a usos agrícolas, ganaderos y de servicios. Construidas en una excelente albañilería con cubiertas de bóvedas de arista en aquellas estancias inferiores que no soportan excesiva carga, y otras de ladrillo, sobre estructuras de vigas en hierro, que soportan el segundo cuerpo donde los doblados hacían las veces de trastero, granero y despensa. Estos a su vez se cubren con estructuras de madera con teja vista, constituyendo una cubierta ventilada óptima para la función que tuvieron estos espacios. Ambos sistemas de cubrición de evidente finalidad práctica no están exentos de belleza plástica.

Las características constructivas que definen el doble uso del edificio, su cronología y su estilo arquitectónico le hacen representante, de una época, de una sociedad, de una economía, de una cultura que marcó una etapa de transición que iría desde finales del siglo XIX, como inicio de un período de transición que supuso un paréntesis de modernización de la sociedad española (también de la extremeña de economía agraria, ruralizada, con grandes desajustes estructurales) y que culminaría con las epidemias y contiendas bélicas que se sucedieron en la primera mitad del siglo XX.

Peculiaridades que adecuan el edificio a la tipología de la colección etnográfica, fiel reflejo de la vida de los seres humanos que protagonizaron aquel período histórico.

Rosa Cidoncha Martín de Prado

 

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